sábado, 12 de marzo de 2011

romanos

HISTORIA TEMPRANA
Los romanos fueron en su origen una potencia terrestre localizada en la Península Itálica, pero cautelosa en el mar. Durante la Primera Guerra Púnica (264 a. C. - 241 a. C.), los cartagineses, una potencia basada en el comercio marítimo, dominaban el Mediterráneo occidental y explotaban este potencial en sus luchas contra la República Romana. Dado que durante la guerra la mayor parte de los combates tuvieron lugar en ultramar (especialmente en Sicilia), Roma se vio obligada a disponer de una flota que pudiera desarrollar una respuesta militar eficaz. El resultado fue la rápida construcción en el año 260 a. C. de la primera flota romana importante, compuesta por cerca de 150 quinquerremes y trirremes, la cual operaba cerca del Estrecho de Messina, entre Sicilia y Calabria.
Roma se esforzó por anular la ventaja marítima cartaginesa, equipando a sus naves con el corvus, un nuevo invento que constaba de un gran tablón de madera con un garfio con el que se enganchaban las naves enemigas. Esto permitía a los romanos enviar a los soldados a modo de pasarela al asalto de la nave enemiga, evitando así las tradicionales tácticas de la batalla de abordaje embistiendo los cascos con el rostrum, en las cuales inicialmente eran mucho menos experimentados.
Aunque la primera acción llevada a cabo en el mar, la batalla de las Islas Lípari en el 260 a. C., terminó en una derrota para Roma, las fuerzas implicadas eran relativamente pequeñas. La neófita marina romana ganó su primera victoria naval importante (triumphus navalis) más adelante ese mismo año en la batalla de Milas. Con el curso de la guerra, Roma continuó ganando batallas en el mar y adquiriendo experiencia naval. Su cadena de éxitos permitió que Roma expandiera su teatro de operaciones en el mar, alcanzando la misma Cartago.
A comienzos de la Segunda Guerra Púnica (218 a. C. - 202 a. C.), la hegemonía naval en el Mediterráneo occidental había pasado ya de Cartago a Roma. Esto hizo que Aníbal, el gran general cartaginés, cambiara de estrategia, llevando la guerra a la Península Itálica.
FINALES DE LA REPUBLICA
Después de la consiguiente victoria romana sobre Cartago, no existía otra potencia marítima al oeste del Mar Mediterráneo, por lo que la marina romana fue disuelta en gran parte. En ausencia de una presencia naval fuerte, la piratería prosperó a través del Mediterráneo. Roma organizaría periódicamente expediciones para dar cuenta a los piratas. Así, en el año 67 a. C. Pompeyo organizó una fuerza naval que libró eficazmente este mar de ellos durante un tiempo.
Mientras en la República Romana se desataba la guerra civil, los diferentes ejércitos crearon de nuevo sus propias fuerzas navales. Sexto Pompeyo, hermano del anterior, en su guerra con Octavio reunió una importante flota que operaba con un gran radio de acción para amenazar Sicilia, la fuente vital de grano de Roma, lo que produjo el pánico en la ciudad por el aumento de su precio.
Octavio, con la ayuda de Marco Agripa, construyó una flota en Forum Iulii (hoy Fréjus) y derrotó a Sexto en la batalla de Nauloco en el 36 a. C., terminando con toda la resistencia pompeyana. La marina de Octavio fue puesta una vez más a prueba al luchar contra las flotas combinadas de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actium en 31 a. C. Esta última batalla naval de la República Romana estableció definitivamente a Roma, con Octavio como único comandante, como la fuerza naval hegemónica en el Mediterráneo.

[editar] Principales acontecimientos

  • Primera Guerra Púnica
  • Segunda Guerra Macedónica

marina de grecia

La marina de guerra en la Antigua Grecia, que no se puede generalizar a todos los griegos, sino a algunas poleis griegas, permaneció directamente sometida a la expansión territorial, que era a la vez el fin y la condición necesaria.
Algunos Estados de la Antigüedad clásica supieron dotarse de una poderosa marina de guerra: Atenas en la época clásica, Egipto, Cartago y Rodas en el período helenístico, y Roma en el curso de las guerras púnicas y a finales de la república.
Desde el punto de vista de sus instrumentos, la guerra en el mar tenía unas exigencias propias, por completo alejadas de las del combate en tierra firme. De ahí que haya algunas contradicciones entre la originalidad técnica de las actividades marítimas y su subordinación a las actividades terrestres; contradicciones que son obvias en las secciones de los barcos de guerra, en las flotas militares y en las tácticas navales.
BARCOS DE GUERRA 
Los barcos de guerra conservaron, durante toda la Antigüedad, ciertas características técnicas que delimitaron siempre de un modo bastante concreto el campo de su uso estratégico y táctico.
En primer lugar, se diferenciaban de los barcos mercantes por su forma alargada, que les valió siempre el apelativo de barcos «largos». Rápidos, y por lo general dotados de una gran capacidad de maniobra, eran en cambio muy poco marineros, lo que les convirtió a menudo en presa de las tempestades, aunque la costumbre quería que no se hiciera uso de ellos durante la temporada mala. En resumen, eran unas construcciones armoniosas pero frágiles.
En segundo lugar, se distinguían de los barcos mercantes en su modo de propulsión, puesto que, si bien estaban provistos de una e incluso varias velas que se izaban durante las travesías, de lo que dependían en el momento del combate era de la potencia de sus remos.
Una primera consecuencia era que, en sus limitados cascos repletos de remeros, no se podían acumular reservas de agua y alimento, de ahí la necesidad de hacer frecuentes escalas. También sucedía que estos ingenios de guerra valían tanto como los hombres que los dirigían y que, por decirlo así, los personalizaban. Del ardor, de las energías y, sobre todo, de la habilidad de los remeros, fruto de una larga experiencia, dependía en gran parte el resultado de la batalla.
Finalmente, para que pudieran llevar a cabo su función militar, los barcos de guerra debían incluir accesorios esenciales; por un lado, un espolón para desfondar a los barcos enemigos y, por el otro, plataformas de combate, en donde pudiera situarse la infantería de marina. No obstante, estos dos accesorios conocieron durante la Antigüedad un desarrollo variable, según predominara la táctica del abordaje o la del espolonazo.
 LOS ORIGENES DE LA MARINA DE GUERRA
Los primeros navíos de guerra, reconocibles por sus remos y su forma alargada, aparecen incisos en una placa de arcilla del III milenio a. C., descubierta en Siros, una isla del mar Egeo, así como en una pintura de un vaso del siglo XVII a. C. hallado en Volos, en Tesalia.
Nuevos detalles se pueden observar en representaciones, más o menos esquemáticas, de la época micénica: velas, mástiles y plataformas a proa y popa.
Para comienzos del I milenio a. C. disponemos de las descripciones homéricas, a menudo convencionales y estereotipadas, pero en ocasiones también ricas en vocabulario náutico y en evocadoras descripciones, como cuando hablan de los «negros navíos» o de los «huecos navíos», «bien unidos», «bien trabajados», con la proa azul o roja, tan ligeros que cada noche se los podía sacar del agua y varar en la orilla y tan bajos que no había peligro en saltar desde su borda a tierra firme.
Sin embargo, hay un detalle que Homero no menciona, pese a que ya se utilizaba en su tiempo: el espolón de proa que está claramente atestiguado desde comienzos del siglo VIII a. C. en vasos cerámicos de estilo geométrico.
Los más habituales de esos buques eran propulsados por 20 o 30 (triacónteras) o 50 remeros (pentecónteras), repartidos en dos bancos a babor y otros dos a estribor. En ocasiones, desde finales del siglo VIII a. C., cada uno de esos bancos se desdobla en dos hileras superpuestas, de las que nacen los birremes (dikrotoi).
El mérito de esta invención recae en los fenicios, que en esta época aparecen en todo el Mediterráneo, o en los propios griegos; quizá el corintio Aminocles que, según Tucídides (I, 13), se habría distinguido en Samos, cerca del 704 a. C., al crear la samaina.[nota 1]








EL REINO DEL TRIRRETE
Del birreme, que llevaba un centenar de remeros, se pasó al trirreme (o triere, según la palabra romana triremis), cuyo nombre aparece por primera vez hacia mediados del siglo VI a. C. en los poemas de Hiponacte.
Según Heródoto (II, 158), este tipo de navío se utilizaba desde finales del siglo VII a. C., en tiempos del faraón Necao I, que excavó un canal entre el Nilo y el mar Rojo «lo bastante ancho como para que dos trirremes bogando de frente pudieran navegar por él», antes de hacer construir algunos de ellos, unos con destino al mar septentrional, los otros en el Golfo Arábigo con destino al mar de Eritrea.
Es poco verosímil que los egipcios fueran sus inventores; más bien serían los corintios, que tuvieron buenas razones para perfeccionar su armamento marítimo desde la primera mitad del siglo VII a. C., con motivo de sus conflictos con Corcira.
Otros historiadores se pronuncian por una datación diferente; ya sea más antigua (finales del siglo VIII a. C.), como es el caso de aquellos que siguiendo a Tucídides tienen a Aminocles por el inventor del trirreme; ya más moderna (finales del siglo VI a. C.), cuando arguyen que, hacia el 535 a. C., Polícrates de Samos debía su poder a una flota formada todavía por pentecónteras.
En cualquier caso, los trirremes estaban muy difundidos por el Mediterráneo oriental desde finales del siglo VI a. C. El propio Polícrates envió 40 de ellos a socorrer al rey aqueménida Cambises II en 525 a. C.
En 494 a. C., durante la revuelta jónica contra los persas, Quíos pudo alinear 100, Mileto 80, Lesbos 70 y Samos 60.
La flota enviada por Darío I en 490 a. C. habría estado formada por 600, mientras que Gelón de Siracusa, diez años después, les ofrecía 200 a los griegos, a cambio del mando supremo en el mar. Sin contar con que los atenienses, gracias a los esfuerzos de Temístocles, pudieron disponer de más de 200 trirremes durante la segunda Guerra Médica.
Los especialistas se han esforzado por resolver el difícil problema de la disposición de los remos a bordo de los trirremes, sirviéndose de algunas representaciones de difícil interpretación y de escasos textos, no menos enigmáticos en sus detalles. Los datos fundamentales que podemos mencionar son que las portillas de remo no estaban colocadas a la misma altura y que en la tripulación de un trirreme siempre había tres categorías de remeros: los tranitas, los zigitas y los talamitas, lo que hacía un total de 170 hombres aproximadamente.
No hay más que tres posibilidades para distinguir las diferentes categorías de remeros según su disposición en el interior del barco, disponiéndolos a lo largo, a lo ancho o a lo alto.
Las dos primeras soluciones, que consisten en repartir de la proa a la popa a tres grupos de boga o confiarle la maniobra de cada remo a tres hombres, no han dejado de tener en el pasado sus defensores, a los que no les gustaba considerar la superposición de tres bancos de remeros. Sin embargo, el problema ha quedado definitivamente resuelto en favor de la tercera solución, con algunas variaciones, muy comprensibles, de detalle.
Los remeros del banco inferior, llamados talamitas, movían sus remos a través de portillas situadas a unos 50 cm por encima de la línea de flotación y, por ese motivo, provistas de troneras de cuero. Los remeros del banco medio, llamados zigitas, los movían bajo el puente. Mientras que para sujetar los toletes de los remeros del banco superior, llamados tranitas, se habían dispuesto monturas de madera que sobresalían de las bordas y que se llamaban parexeiresia, es decir, «dispositivo auxiliar para los remos».
De modo que los emplazamientos para remar se superponían, pero también se imbricaban, de tal forma que las portillas se presentaban al tresbolillo en los flancos del navío. Así se conseguía no forzar, por razones de seguridad, la altura de las bordas (2,20 m) e igualar la longitud de los remos (4,17 m, excepto en el centro del trirreme, en donde llegaba a los 4,40 m). Por consiguiente, la unidad tripartita de remo, que daba su nombre a este tipo de barco, se disponía en oblicuo.
A cada lado del trirreme había 27 de esas unidades, a las que se añadían, debido al perfil del casco, dos tranitas remando en solitario delante y detrás. Como cada hombre estaba situado a una distancia aproximada de unos 90 cm de su vecino, la longitud del trirreme no sobrepasaba en demasía la del antiguo pentecóntero, en donde se alineaban 25 remeros (debía alcanzar unos 36 m) y, sin embargo, se conseguía un incremento apreciable de capacidad, lo que le permitía desarrollar una velocidad, sin velas], de más de cinco nudos.
En cambio, necesitaba obligatoriamente remeros bien entrenados, suficientemente coordinados en su bogar como para no entrechocar sus remos.







viernes, 11 de marzo de 2011

dromon

DROMON
Dromón es un barco de guerra del Imperio bizantino, siendo uno de los estandartes de su flota hasta su caída. en 1453.

 EL BARCO 
Era un buque de tres velas triangulares, también llamadas latinas, y dos filas de remeros, que podían albergar entre 150 y 200 hombres, que solían ser esclavos. Estos barcos estaban armados con balistas y máquinas pesadas que proyectaban dardos de hierro, además del famoso Fuego griego. También tenían catapultas que podían disparar fuego griego, otra muestra del Imperio bizantino.
Pertenecía a la flota imperial de Constantinopla, y su diseño viene precedido por el trirreme, una nave rápida que a su vez estaba basada en los ilirios de la costa adriática. Para albergar a un número tan grande de hombres tenía una capacidad de 30-50 metros de eslora y 5-7 metros de manga.


HISTORIA

Con el proceso nombrado como Caída del Imperio romano las provincias de oriente pasaron a ser independientes, adquiriendo la denominación posterior de Imperio bizantino. Constantinopla es su capital, y no cae hasta 1453 gracias a una gran potencia militar tanto terrestre como naval. El dromón es uno de los barcos que forman la flota imperial, acompañado de otras naves como los panfiles, moneres o kelandias. La flota de Constantinopla no se usó solo para la conquista, sino para defenderse de los numerosos asedios a los que fue sometida la ciudad.

EL GRAN FUEGO GRIEGO

Se trata de una de las principales armas del dromón. Debido al secretismo que gira en torno a esta forma de combate no se sabe muy bien como surgió y como se producía, pero en cualquier caso todo indica a que los ingredientes principales eran agua, nafta, óxido de calcio, azufre, resina y salitre. El fuego griego se lanzaba con sifones de bronce, artefactos o armas parecidos a los actuales lanzallamas. Fue inventado por Calínico en Heliópolis (Baalbek, en el Líbano actual) en el año 650 a. C.


drakkar

HORIGEN DEL NOMBRE
La palabra "drakkar" es una transformación de un antiguo término islandés usado para designar a los dragones. A la embarcación conocida como drakkar se la ha llamado así debido a que a menudo el mascarón de proa de las embarcaciones vikingas consistía en la representación de la cabeza de una de estas bestias fabulosas. Se llamó por tanto drakkar a estas embarcaciones por metonimia de una de las partes que las constituían. El auténtico nombre para los drakkars sería en realidad knörr o snekkar.
"Dragón", en singular, era "drek"; en plural, "drekkar", de manera que "drakkar" es deformación de lo que significaba "dragones", "mascarones", o bien "barcos".
DESCRIPCION
Los drakkars eran embarcaciones largas, estrechas, livianas y con poco calado, con remos en casi toda la longitud del casco. Versiones posteriores incluían un único mástil con una vela rectangular que facilitaban el trabajo de los remeros, especialmente durante las largas travesías. En combate, la variabilidad del viento y la rudimentaria vela convertían a los remeros en el principal medio de propulsión de la nave.
Casi todos los drakkars eran construidos sin utilizar cuadernas, superponiendo planchas de madera; para tapar las juntas de unión entre las planchas se utilizaba musgo impregnado con brea. El reducido peso del drakkar y su poco calado hacían posible que navegara por aguas de sólo un metro de profundidad, lo que posibilitaba un rápido desembarco e incluso el transportar la embarcación por tierra.
 CONSTRUCCION
Las mejores pistas sobre las técnicas de construcción de los drakkars provienen de los barcos fúnebres. En la sociedad vikinga era común que los reyes fuesen incinerados junto con su drakkar y sus más valiosas posesiones. El barco funerario de Oseberg en Noruega y el drakkar anglosajón de Sutton Hoo en Inglaterra son buenos ejemplos.
Los drakars eran extraordinariamente estrechos en relación a su longitud, sobre todo si los comparamos con los estándares actuales. El mayor drakkar descubierto (en el puerto de Roskilde) tiene 35 m de eslora, y el encontrado en el puerto de Hedeby tiene la mayor relación longitud/anchura: 11,4 a 1. Sin embargo, embarcaciones más recientes, optimizadas para la navegación, tenían ratios más bajos, a menudo de 1 a 7 o incluso de 1 a 5.
En contraste, los barcos escandinavos dedicados al comercio, llamados knarrs, tenían mayor calado y eran más anchos para acomodar la carga; para navegar dependían mucho más de las velas. Es posible establecer una relación similar entre las galeras mediterráneas y los barcos mercantes, más redondeados.
Más tarde se empezaron a utilizar velas rectangulares hechas de lana y reforzadas con cuero. Los drakkars eran muy rápidos, alcanzando velocidades de 14 nudos. Eran naves con una excelente navegabilidad, pero, al ser esencialmente embarcaciones abiertas, no eran muy habitables. Sin embargo, esto no impidió a los primeros exploradores escandinavos descubrir y asentarse en Islandia, Groenlandia e incluso llegar hasta Terranova (Vinland)


TIPOS DE BARCOS
Los drakkars pueden clasificarse en varios tipos en función del tamaño, de los detalles constructivos y de su prestigio/categoría.
SNEKKE
El snekke era el barco más pequeño que podía considerarse un drakkar. Un snekke típico podía tener unos 17 m de eslora, una manga de 2,5 m y un calado de sólo 0,5 m. Su tripulación se compondría de unos 25 hombres.
Los snekkes fueron uno de los barcos más frecuentes. Según las crónicas antiguas, en 1028 Canuto el Grande usó 1400 snekkes en Noruega, y Guillermo el Conquistador utilizó alrededor de 600 para invadir Bretaña en 1066.
Los snekkes noruegos, diseñados para su uso en profundos fiordos y las condiciones atmosféricas típicas del Atlántico Norte, solían tener mayor calado que los snekkes daneses, concebidos para costas poco profundas y playas. Los snekkes eran tan livianos que no necesitaban usar puertos, podían ser sacados a tierra e incluso ser transportados tierra adentro.
El snekke continuó evolucionando tras el fin de la época vikinga. Los últimos snekkes noruegos eran más grandes y pesados que los barcos de la época vikinga.
BARCOS DE DRAGON
Eran barcos de prestigio, tan grandes como les permitía su quilla. Sus dimensiones eran variadas y no fue un tipo de barco demasiado frecuente. El Vikingeskibsmuseet tiene un barco dragón de 30 m de eslora, 3,9 m de manga y 0,9 m de puntal. Llevaría entre 61 y 121 hombres, según si utilizaba uno o dos por cada remo.


Colon

PERFECCIONAMIENTO
Alrededor de 1860 se extienden las calderas cilíndricas, inspiradas en las utilizadas en las primeras locomotoras de vapor, que permitieron resolver el problema del vapor a baja presión, que proporcionaba un empuje muy modesto. El vapor a alta presión obtenido por estas calderas permitió incrementar muy notablemente la potencia desarrollada por las máquinas de vapor, lo cual significó un aumento notable de velocidad. Posteriores mejoras como la caldera de triple y cuádruple expansión lograron atajar uno de los principales inconvenientes de la propulsión por vapor, el consumo de carbón. De este modo se conseguía una eficiencia energética muy superior. Estas mejoras reflejadas en una mayor velocidad y un menor consumo hicieron que los vapores se hicieran con la práctica totalidad de las rutas comerciales. Los avances de la metalurgia permitieron la construcción de barcos de hierro y posteriormente de acero, con estos elementos se empezaron a construir naves de tamaño que no podía alcanzar la madera. Los cascos se hicieron más sólidos y más ligeros a la vez, sin peligro de resquebrajamientos.
No obstante, aunque los vapores daban velocidades similares o incluso inferiores a algunos barcos (los últimos "clippers" llegaban a los 17,5 nudos), no estaban sometidos al capricho de los vientos que no siempre soplaban en la dirección o con la fuerza requeridas, además de ser aquellos mucho menos vulnerables que éstos a las tormentas al carecer de la frágil arboladura, punto débil de cualquier barco de vela.
Los barcos de vapor supusieron un notable avance en la conquista de las rutas marítimas con independencia de la climatología. Además cambiaron por completo la fisonomía de los barcos, haciendo desaparecer las velas, un elemento invariable de los navíos desde que hacía más de 7.000 años habían aparecido las primeras velas en el Nilo. En 1894 se introduce la turbina de vapor de manos de Charles Algernon Parsons, puesta en servicio en el “Turbinia” alcanzando una velocidad de 18 nudos, y sustituida en 1896 por tres turbinas de presión alta, media y baja, accionando otras tantas hélices que le permitieron alcanzar los 35 nudos. Con esta velocidad quedaban definitivamente derrotados los veleros.
Ya en 1836 Smith y Ericsson llevaron a la práctica el primer barco con hélice, que vinieron a sustituir a las ruedas de paleta, en 1897, Joseph Ressel dio con el diseño definitivo y eficaz de hélice, que será utilizado hasta nuestros días, lo que permite un aprovechamiento más eficiente de la energía proporcionada por el motor de vapor. Muy pronto los buques de vapor fueron equipados con hélices sumergidas y los vapores de ruedas fueron desarmados y dados de baja.
Ese mismo año de 1897 Rudolf Diesel desarrolla el motor que llevará su apellido, basado en la combustión interna de otro combustible fósil, esta vez derivado del petróleo. Este hito supondrá a la larga el fin de los vapores del mismo modo que el motor de vapor supuso el fin de la vela.

trinidad

HISTORIA
Existe un documento de 1695 en el Archivo de Simancas en el cual hay constancia de una tentativa de 1543 por parte Blasco de Garay de propulsar la galera “Trinidad”, de 200 toneladas de desplazamiento, por medio de seis ruedas de palas movidas mediante una máquina de vapor. Sin embargo esta propuesta no obtuvo el apoyo financiero de la corona, y quedó relegada al olvido y hasta finales del siglo XVIII no existieron máquinas de vapor fiables y eficientes cuando se realizaron las primeras tentativas serias de propulsión naval por medio del vapor.
En 1707 Denis Papin diseñó un barco, movido por la fuerza del vapor, con la intención de realizar la travesía desde Kassel, a orillas del Fulda, hasta Londres.
En 1765 James Watt convirtió el concepto preexistente de la máquina de vapor atribuido usualmente a Thomas Newcomen, en un invento realmente eficaz, gracias a la incorporación del condensador externo. A partir de este momento se suceden las tentativas de conseguir aplicar la máquina de vapor como fuerza motriz de todos los medios de transporte y en particular el más avanzado de la época: el barco.
En 1783 Claude François Jouffroy d'Abbans, Marqués de Jouffroy d'Abbans, bota el "Pyroscaphe" un barco vapor de 45 metros de longitud, con ruedas con el que logra remontar la corriente del río Saona, desde Lyon a Santa Bárbara. No obstante, su condición noble le obliga a emigrar al estallar la Revolución francesa y finalmente murió arruinado en 1832.
En 1797 John Fitch realiza un intento de barco de vapor que ha de abandonar por falta de apoyo financiero.
En 1804 John Stevens desarrolla la aplicación de la máquina de vapor a una transmisión con hélices, teniendo claro que el futuro de la propulsión naval mecánica pasa por la utilización de éstas en lugar de las ruedas de paletas.
A finales de 1803, Robert Fulton lanzó al Sena un barco cuyo propulsor era una rueda con paletas, movida por una máquina de vapor, fue mal acogido en Francia, y Fulton prosiguió sus experimentos en Estados Unidos, en 1807 bota su vapor "Clermont". Fulton recorrió en él los 240 km que separan Nueva York de Albany surcando el río Hudson. Con este mismo barco, se establecería el primer servicio regular a vapor. Este vapor llevaba unas ruedas con paletas a ambos lados del casco, diseño que durante un tiempo se extendió mucho. A estos buques se les conocería como "vapor de ruedas" y muchos llevaban mástiles con velas al mismo tiempo. Este tipo de barco de vapor tendría mucho éxito en la navegación fluvial, ya que necesitaban poco calado, aunque como inconveniente aumentan de forma considerable la anchura de los barcos, ejemplos de este tipo de nave son los famosos vapores de ruedas que circularon por el Misisipí, ejemplos de este tipo de vapor en España fueron el vapor de ruedas Colón, el Pizarro y el Blasco de Garay.
En 1824 Sadi Carnot publica sus trabajos sobre el segundo principio de la termodinámica lo que supone el despegue definitivo de la propulsión a vapor.

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